Entre puntos y líneas que transforman vidas: la historia de Ana Karen, egresada de la UAEMex y promotora del braille

  • Egresada de la Licenciatura en Psicología de la Autónoma mexiquense, Ana Karen González Garduño se convirtió en referente de inclusión y enseñanza del braille, impulsando autonomía y sensibilidad en personas con discapacidad visual.
  • Desde Acambay hasta las aulas de la Centenaria y Benemérita Escuela Normal para Profesores, Ana Karen demuestra que la inclusión comienza con empatía, vocación y una profunda convicción de independencia.

*Toluca, Méx. – 4 de enero de 2026.* Con la certeza de que la inclusión comienza con la empatía, la historia de Ana Karen González Garduño, egresada de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), se escribe entre letras en relieve y la enseñanza de herramientas que impulsan autonomía en personas con discapacidad visual. Hoy, desde la Centenaria y Benemérita Escuela Normal para Profesores, comparte no solo conocimiento, sino sensibilidad.

Originaria de Acambay, Estado de México, Ana Karen tuvo una infancia similar a la de cualquier niña. Sin embargo, a causa de la ceguera asistió desde pequeña al Centro de Rehabilitación y Educación Especial (CREE) en Toluca, donde permaneció internada durante tres años. Ahí aprendió braille —la herramienta que marcaría su trayectoria—, además de estrategias para desenvolverse de manera independiente. Tras este proceso, retomó sus estudios en cuarto año de primaria y continuó hasta la preparatoria en su municipio.

“Mi infancia tuvo muchos tintes de normalidad. Soy la mayor de cuatro hermanos y, aunque recibí atención específica para la discapacidad visual, considero que crecí como cualquier niña. El primer reto fue la distancia y también la parte económica; por eso me interné y aprendí tanto”, refirió.

El interés por la conducta humana la llevó a elegir la Licenciatura en Psicología en la UAEMéx, decisión que representó un paso determinante hacia su autonomía. Convencer a su familia de permitirle mudarse a Toluca para estudiar no fue sencillo, pero lo logró. Una vez en la Facultad, se enfrentó a nuevos desafíos: sus profesores no sabían braille ni técnicas de enseñanza accesibles, por lo que recurrió a evaluaciones orales y métodos alternativos.

“Entre mis profesores y yo ideamos estrategias para evaluarme y acceder a las clases. Incluso, una maestra de inglés aprendió braille por su cuenta y un día me llevó material en braille. Nunca se me va a olvidar”, compartió emocionada.

Durante su formación conoció a la institución Vemos con el Corazón, dedicada a la atención de personas con discapacidad visual. Inició como alumna, aprendiendo el uso del bastón y técnicas de desplazamiento urbano; posteriormente realizó ahí su servicio social y prácticas profesionales en el taller de braille, hasta convertirse en la profesora.

“Sí había pensado en ayudar, pero nunca imaginé trabajar directamente con personas con discapacidad, ni mucho menos en la docencia. Trabajé con adultos que me doblaban la edad y tenía que convencerlos de que yo tenía algo que enseñarles. Requirió más que conocimiento: requirió sensibilidad”, afirmó.

Con un recién concluido máster en Educación Inclusiva y una especialidad en Atención a la Diversidad, Ana Karen subrayó que, aunque la tiflotecnología —lectores de pantalla, ampliadores o reconocimientos ópticos— ofrece herramientas poderosas, la verdadera alfabetización comienza con el braille.

“El braille es la puerta al conocimiento, a la transformación. También es el camino que me ha dado una oportunidad laboral, un espacio para desarrollarme y para demostrar a otros docentes que con didáctica, empatía y herramientas adecuadas, se puede transformar una vida”, señaló.

Finalmente, destacó que la inclusión inicia cuando se mira al otro no como una persona con discapacidad, sino como una persona completa. Más allá de la accesibilidad arquitectónica o tecnológica, dijo, la sensibilidad y la empatía son esenciales para construir una sociedad verdaderamente incluyente.

“A quienes viven con discapacidad visual les diría que no se cansen de insistir, que sueñen y luchen por lo que desean. Es cierto que falta mucho por hacer, pero puede faltar menos si cada vez somos más quienes hacemos presencia”, concluyó.