
Por Julio Requena
Hay algo profundamente patético —si no tragicómico— en ver al PRI tratando de reinventarse como defensor del pueblo. Su dirigente en el Estado de México, Cristina Ruiz, ha emprendido una cruzada discursiva que pretende desenterrar viejos agravios para culpar al presente de las heridas que el propio priismo impuso sin pudor alguno. La estrategia: rascar en el pasado para lavar culpas… y de paso intentar engañar a los más jóvenes o desmemoriados.
Con una retórica reciclada, Cristina Ruiz y su camarilla de asesores buscan oponerse ahora a medidas que en su momento no solo apoyaron, sino que impusieron con mayoría legislativa y aplausos incluidos. ¿Cómo olvidar la infame Roque-señal? Aquella grotesca celebración del entonces líder de la priista, Humberto Roque Villanueva, cuando se aprobó el incremento del IVA del 10 al 16 por ciento. La escena fue una cachetada al pueblo mexicano, que rechazaba dicha medida por ser regresiva, injusta y dañina para los bolsillos populares. Pero al PRI le valió.

Hoy, con total descaro, esa misma élite partidista exige que baje el precio de la gasolina y que se baje el IVA del 16 al 10 por ciento, “para favorecer al pueblo”. ¿En serio? ¿Acaso creen que no tenemos memoria? Fueron ellos quienes instauraron los tristemente célebres “gasolinazos”, diseñados para aumentar de forma gradual y sistemática el costo de los hidrocarburos, afectando a millones de familias, y con el aumento al diesel dañaron al campo y al transporte público y de mercancías. El resultado: inflación, empobrecimiento, enojo social.
Es un absurdo contrasentido que roza el cinismo. Posturas tan ridículas que causan risa o dan lástima, según el ánimo con el que uno las escuche. Porque no hay convicción ni proyecto: hay desesperación.
La misma desesperación que los lleva a oponerse por oponerse, a criticar por criticar, a intentar apropiarse de causas populares que antes despreciaron con soberbia y que con su mayoría priista ignoraron dándole la espalda al pueblo que hoy les ha pagado con la misma moneda en las urnas.
Lo cierto es que el pueblo mexicano ya no les cree. La narrativa oportunista del PRI es una caricatura de lo que alguna vez fue. Hoy, ni con discursos prestados ni con populismo fingido podrán recuperar el apoyo popular que perdieron por su arrogancia, corrupción y traiciones históricas.
La gente ya despertó, y eso sí que no lo pueden revertir.
