



• En el marco del Día Internacional de la Destrucción de Armas de Fuego, el profesor del Centro Universitario UAEM Tianguistenco, Felipe Álvarez Mendoza, afirmó que la destrucción de armas reduce riesgos, pero debe acompañarse de estrategias de prevención y desarrollo social.
Tianguistenco, Méx. – Miércoles 8 de julio de 2026. Destruir armas de fuego reduce riesgos, pero no elimina las causas que originan la violencia. Para lograr resultados duraderos es necesario acompañar estas acciones con políticas públicas de prevención, desarrollo social e investigación, afirmó el profesor de la Licenciatura en Seguridad Ciudadana del Centro Universitario Tianguistenco de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), Felipe Álvarez Mendoza.
En el marco del Día Internacional de la Destrucción de Armas de Fuego, que se conmemora cada 9 de julio, el especialista explicó que las campañas de canje y destrucción representan un mecanismo útil para disminuir la circulación de armas y prevenir hechos violentos; sin embargo, advirtió que su alcance será limitado si no se integra a una estrategia que fortalezca el tejido social y atienda los factores que favorecen la delincuencia.
Entre esos factores, señaló, se encuentran la pobreza, el desempleo, la desigualdad, la discriminación y la falta de oportunidades. Por ello, sostuvo que la prevención no puede recaer únicamente en las instituciones encargadas de la seguridad pública, sino que requiere la participación coordinada de los distintos órdenes de gobierno, las instituciones educativas y la sociedad.
Para diseñar respuestas eficaces, añadió Álvarez Mendoza, es indispensable que las decisiones en materia de seguridad se sustenten en investigación y diagnósticos objetivos. La evidencia científica, dijo, permite comprender el origen de los fenómenos delictivos, evaluar las estrategias implementadas y desarrollar políticas públicas con mayores posibilidades de éxito.
Destacó que las universidades aportan ese conocimiento a través de la investigación y de la formación de especialistas capaces de analizar problemas complejos y proponer soluciones. Además, permiten anticipar retos emergentes como el tráfico ilícito de armas, la delincuencia vinculada al uso de nuevas tecnologías y la fabricación de armamento mediante impresión tridimensional, escenarios que demandan preparación permanente y un enfoque multidisciplinario.
El académico consideró que construir comunidades más seguras implica ir más allá del combate a los efectos de la violencia. También exige fortalecer la educación, promover la legalidad, incentivar el diálogo y generar oportunidades que reduzcan las condiciones que propician los delitos.
Desde esa perspectiva, concluyó Felipe Álvarez Mendoza, instituciones de educación superior como la Universidad Autónoma del Estado de México tienen una responsabilidad estratégica: generar conocimiento, formar profesionales comprometidos con la cultura de paz y colaborar con las autoridades y la sociedad en el diseño de soluciones que contribuyan al bienestar colectivo.
