Por Julio Requena


Hay una pregunta que comienza a ganar espacio en la política mexiquense: ¿qué tan verde será el mapa electoral del Estado de México en 2027?
La respuesta todavía está en construcción, pero la más reciente fotografía nacional de Consulta Mitofsky ofrece una pista que sería un error ignorar: el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) está dejando de ser un simple acompañante de Morena para convertirse en una pieza con capacidad propia de inclinar la balanza.
La encuesta, correspondiente al periodo agosto de 2025-agosto de 2026 y presentada por Roy Campos, muestra un dato particularmente revelador: mientras Morena pierde terreno en opinión positiva —al pasar de 56 a 49.4 por ciento—, el Verde conserva una posición competitiva, con 27.5 por ciento de opinión favorable.
Pero quizá lo más importante no está solamente en cuánto gusta un partido, sino en cuánto rechazo genera.
Ahí está una de las ventajas estratégicas del Verde.
Morena registra un crecimiento importante en el indicador de quienes dicen que nunca votarían por ese partido, mientras PRI y PAN continúan cargando con niveles elevados de rechazo. El Verde, en cambio, mantiene un margen que le permite moverse entre distintos sectores del electorado sin cargar con el mismo desgaste histórico de las fuerzas tradicionales.
Y en política electoral, tener menos rechazo puede ser tan importante como tener más simpatías.
EL VERDE YA HACE CUENTAS PROPIAS
Durante años, el PVEM fue visto como un partido útil para completar mayorías, sumar votos y construir coaliciones.
Esa lectura comienza a quedarse corta.
La fotografía nacional muestra que la suma de Morena, Verde y PT mantiene una ventaja considerable frente a una oposición fragmentada. Pero también deja otra conclusión: si Morena pierde fuerza, el valor electoral del Verde aumenta.
Es una cuestión matemática.
Cuando el partido dominante comienza a desgastarse, los aliados dejan de ser accesorios y se convierten en piezas estratégicas.
Eso explica por qué el Verde ha buscado fortalecer su presencia territorial y por qué estados como San Luis Potosí se han convertido en escaparates de lo que puede hacer una estructura política propia.
Y aquí llegamos al Estado de México.
EL VERDE MEXIQUENSE TIENE UNA OPORTUNIDAD… Y UN PROBLEMA
El Verde tiene frente a sí una oportunidad extraordinaria rumbo a 2027: crecer donde Morena necesite votos, pero también construir una identidad electoral propia.
La pregunta es si podrá convertir esa oportunidad nacional en estructura local.
Porque una cosa es tener una marca competitiva y otra muy distinta contar con candidatos competitivos, gobiernos evaluados positivamente, estructura territorial y capacidad para movilizar electores.
Y aquí aparece una pregunta todavía más incómoda:
¿Los gobiernos emanados del Verde merecen la reelección?
La respuesta no debería depender del color del partido.
Ni del acuerdo con Morena.
Ni de la simpatía personal del alcalde.
Ni de la negociación entre dirigencias.
Debería depender de algo mucho más sencillo: resultados.
¿Mejoraron la seguridad?
¿Funcionaron los servicios públicos?
¿Se redujeron los problemas cotidianos?
¿Hubo obra pública?
¿Se administraron correctamente los recursos?
¿El gobierno estuvo cerca de la gente?
¿Cumplieron lo que prometieron?
¿Y, sobre todo, existe una diferencia perceptible entre el gobierno actual y los anteriores?
Porque si el Verde quiere convertirse en una fuerza política verdaderamente competitiva en el Estado de México, tendrá que entender una regla elemental de la política moderna:
la marca partidista ayuda a ganar una elección, pero no alcanza para justificar una reelección.
2027 SERÁ EL EXAMEN
El Estado de México será uno de los grandes laboratorios electorales de 2027.
Morena buscará conservar su hegemonía.
El PRI intentará demostrar que todavía tiene capacidad de resistencia.
El PAN buscará recuperar espacios.
Movimiento Ciudadano intentará crecer.
Y el Verde tendrá que decidir si quiere seguir siendo el socio estratégico de una coalición o convertirse en una fuerza con agenda, candidatos y votos propios.
Ahí está el verdadero desafío.
Porque si el PVEM consigue que su crecimiento nacional se traduzca en estructura territorial mexiquense, podría convertirse en el partido que incline la balanza en municipios donde las diferencias electorales serán mínimas.
Pero también enfrentará el juicio de los ciudadanos sobre los gobiernos que ya administra.
Y ese juicio será mucho más importante que cualquier encuesta.
EL COLOR DEL SEMÁFORO
La encuesta de Mitofsky no significa que el Verde ya tenga asegurado el crecimiento en el Estado de México.
Sería un error leerla así.
Lo que sí muestra es que existe una ventana de oportunidad política.
El Verde tiene menos desgaste que otras fuerzas, conserva una base electoral y aumenta su valor dentro del bloque oficialista.
Ahora falta saber si puede transformar ese capital en confianza ciudadana.
Porque en 2027 los mexiquenses no solamente decidirán qué partido quieren.
También decidirán qué gobiernos quieren conservar y cuáles quieren cambiar.
Y ahí está la verdadera prueba para el Verde:
¿sus gobiernos están haciendo méritos para pedir otros tres años o solamente están haciendo cuentas para conseguirlos?
La respuesta no estará en las dirigencias.
Estará en las calles, en los municipios y, finalmente, en las urnas.
El Verde ya tiene una oportunidad. Ahora tendrá que demostrar que también tiene resultados.
