La lucha contra el cáncer y el amor a sus hijos las convirtió en madres, guerreras y sobrevivientes

*Entre el cáncer y el amor por sus hijos, encontraron fuerzas para no rendirse

A unos días de celebrarse el Día de las Madres, María del Rocío y María Juana no hablan de regalos, flores ni festejos. Sus pensamientos están puestos en algo mucho más profundo: seguir vivas.

Ambas son madres de familia. Mujeres acostumbradas a cuidar, proteger y sostener a los suyos, pero que un día recibieron una noticia capaz de sacudirlo todo: cáncer.

Desde entonces, su lucha dejó de ser solamente personal. Se convirtió en una batalla por sus hijos, por sus hogares y por la promesa de permanecer a su lado el mayor tiempo posible.

“Cuando eres mamá no tienes opción de rendirte”, confiesa María del Rocío, quien ha enfrentado 18 sesiones de quimioterapia, tratamientos agresivos, días de dolor y noches de incertidumbre. Su atención médica se realizó en el Hospital General de México, pero aun dentro del sistema público tuvo que enfrentar una realidad que miles de familias conocen: los gastos no se detienen.

Para poder entrar a cirugía debía reunir más de 19 mil pesos para material quirúrgico, una cifra que parecía imposible en medio de la enfermedad.
“Sacamos fuerzas de donde ya no había”, recuerda.

Fue entonces cuando, asegura, apareció una ayuda inesperada. El diputado Luis Edmundo Valdeña le brindó respaldo económico que le permitió continuar con su tratamiento.

Con la voz entrecortada, lo llama “Su ángel. Llegó así, sin conocernos, sin preguntar nada, simplemente nos extendió la mano cuando más lo necesitábamos”, dice.

LA HISTORIA DE MARÍA JUANA NO FUE DISTINTA

Madre también, con la preocupación permanente de qué sería de sus hijos si ella faltaba, hubo un momento en que pensó abandonar el tratamiento. Los costos de las quimioterapias y la falta de recursos la colocaron frente a una decisión desgarradora.

Pero justo cuando la esperanza comenzaba a apagarse, llegó el apoyo.
Gracias al apoyo del legislador, pudo retomar sus quimioterapias, completar 18 sesiones y recibir una noticia que hoy la mantiene de pie: el tumor logró reducirse y ahora puede ser operado. Su cirugía está programada para el próximo 28 de mayo.

Ambas coinciden en algo: el cáncer les arrebató tranquilidad, fuerza física y estabilidad económica, pero nunca logró quitarles lo más importante… su instinto de madres.

Porque cuando el cuerpo parecía no responder, cuando el dinero no alcanzaba y cuando el miedo se hacía presente, tuvieron que sacar fuerza de donde fuera.

Por sus hijos. Por sus familias. Por seguir celebrando la vida.
Y en vísperas del 10 de mayo, María del Rocío y María Juana tienen claro que el mejor regalo no está envuelto: es seguir aquí.