
Las comparecencias de los integrantes del gabinete de Delfina Gómez Álvarez, con motivo de la glosa de su Tercer Informe de Gobierno, serán mucho más que un ejercicio de rendición de cuentas. También podrían convertirse en una auténtica prueba de resistencia para MORENA y, de paso, en el escenario ideal para medir la estatura política de una oposición que hasta ahora no termina de encontrar el camino.
Uno de los momentos que mayor expectativa genera será la comparecencia del secretario general de Gobierno, Horacio Duarte Olivares.
El funcionario ya recibió un primer aviso político de parte del diputado Octavio Martínez Vargas y del grupo Mexiquenses de Corazón, que cuestionaron su permanencia en el cargo frente a lo que consideran posibles aspiraciones políticas rumbo a la gubernatura.
El encontronazo no sólo enfrenta a dos personajes; también coloca a MORENA frente a una pregunta incómoda: ¿qué tan unificado está realmente el partido cuando las diferencias entre sus principales grupos comienzan a hacerse públicas?
Hasta ahora, el dato político más interesante es precisamente lo que no ha ocurrido: no se ha visto un cierre de filas contundente alrededor del secretario general de Gobierno o del senador Higinio Martínez.
Habrá que observar si durante la comparecencia aparecen voces morenistas dispuestas a defenderlo o si, por el contrario, algunos legisladores prefieren dejar que el pleito avance por su propia ruta.
Pero la prueba no será exclusiva para MORENA.
La oposición tendrá frente a sí una oportunidad para demostrar si puede convertir las diferencias internas del partido gobernante en una verdadera agenda de contrapeso o si terminará actuando como espectadora de las disputas entre grupos.
PRI y PAN tendrán particularmente puesta la mira en el secretario de Seguridad, Cristóbal Castañeda Camarillo.
Aunque las estadísticas oficiales muestran reducciones en determinados indicadores delictivos, la percepción ciudadana sigue siendo uno de los principales desafíos para el gobierno estatal. Y ahí estará probablemente uno de los puntos de mayor confrontación: la diferencia entre lo que dicen las cifras y lo que viven o perciben diariamente los mexiquenses.
Una comparecencia puede convertirse, entonces, en una batalla de estadísticas, pero también en una disputa por el relato.
¿De qué sirve una reducción porcentual si la ciudadanía continúa sintiéndose insegura? Ésa será una de las preguntas que seguramente intentará colocar la oposición sobre la mesa.
Y hay otro secretario cuya comparecencia será particularmente relevante: Óscar Flores Jiménez, titular de Finanzas.
El presupuesto no tiene partido cuando se trata de afectar o beneficiar directamente a los ciudadanos.
La discusión sobre cuánto dinero habrá, en qué se gastará, cuáles serán las prioridades para 2027 y qué margen existe para financiar obras, seguridad, salud, educación y programas sociales será de enorme interés para los mexiquenses.
Por eso, las comparecencias pueden terminar siendo un termómetro político mucho más preciso que cualquier discurso.
Servirán para medir la capacidad de respuesta del gabinete, pero también para conocer quién defiende a quién, quién cuestiona con argumentos, quién aprovecha las coyunturas y quién prefiere guardar silencio.
En política, a veces los silencios dicen más que los discursos.
Y en esta glosa, habrá que poner especial atención precisamente a eso: a lo que se diga, a lo que no se diga y, sobre todo, a quién decide hablar.
